¡Verdaderamente, muchos son sus significados [de la esvástica]! En la obra macrocósmica, el “MARTILLO DE LA CREACIÓN” con sus cuatro brazos vueltos en ángulos rectos, se refiere al continuo movimiento y evolución del Kosmos invisible de las Fuerzas. En la del Cosmos manifestado y de nuestra Tierra, indica la rotación de los ejes del mundo y sus cinturones ecuatoriales en los ciclos del Tiempo; las dos líneas que forman la Svastika significan el Espíritu y la Materia, y los cuatro garfios indican el movimiento en los ciclos de revolución. Aplicado al Microcosmo, al Hombre, lo muestra como un eslabón entre el Cielo y la Tierra; la mano derecha levantada al extremo de un brazo horizontal, la izquierda señalando a la Tierra. En la Tabla Esmeraldina de Hermes, el brazo derecho alzado está inscrito con la palabra “Solve”, el izquierdo con la palabra “Coagula”. Es un signo alquímico, cosmogónico, antropológico y mágico, todo a la vez, con siete claves para su significado interno. No es demasiado decir que el simbolismo compuesto de este signo universal de los más sugestivos, contiene la clave de los siete grandes misterios del Kosmos. Nacido de los conceptos místicos de los primitivos Arios, y colocado por ellos en el vestíbulo mismo de la eternidad en la cabeza de la serpiente Ananta, encontró su muerte espiritual en las interpretaciones escolásticas de los antropomorfistas de la Edad Media. Es el Alfa y Omega de la Fuerza Creadora universal, desarrollándose del Espíritu puro y terminando en la Materia densa. Es también la clave para el ciclo de la Ciencia, divina y humana; y aquel que comprende todo su significado, está por siempre libre de los afanes de Mahamaya, la gran Ilusión y Engañador. La Luz que brilla bajo el divino martillo, ahora degradado en el mallete de los Grandes Maestros de las logias masónicas, es suficiente para disipar las tinieblas de todos los esquemas o ficciones humanos.
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Es tan antiguo y tan sagrado el símbolo, que apenas hay excavación hecha en los lugares de las ciudades antiguas, en que no se haya encontrado. Cierto número de discos de tierra cocida, llamados fusaïoles, fueron encontrados por el Dr. Schliemann bajo las ruinas de la antigua Troya. Ambas formas [la esvástica] y [la cruz], fueron sacadas en gran número; su presencia era una prueba más de que los antiguos troyanos y sus antecesores eran arios puros.
La Doctrina Secreta, volumen II, por H. P. Blavatsky (páginas 99-101 de la edición original).
Respecto de los descubrimientos del citado Dr. al respecto, podemos leer en el Smithsonian Magazine: "Schliemann descubrió su ciudad épica —y se encontró con la esvástica— en la costa del Egeo de Turquía. Allí continuó las excavaciones iniciadas por el arqueólogo británico Frank Calvert en un sitio conocido como el montículo de Hisarlik. Los métodos de Schliemann eran brutales —utilizaba palancas y arietes para excavar—, pero efectivos. Rápidamente se dio cuenta de que el sitio contenía muchas capas diferentes de sociedades que se remontaban a miles de años. Schliemann había encontrado Troya —y los restos de civilizaciones anteriores y posteriores a ella—. Y en fragmentos de cerámica y otros artefactos encontró al menos 1.800 variaciones del mismo símbolo: husos giratorios, o esvásticas.
Más adelante, durante sus viajes, vería la esvástica en otros lugares, desde el Tíbet hasta Paraguay y la Costa de Oro de África".
A modo de ejemplo, incluimos algunas fotografías de decoraciones con la esvástica donde se puede comprobar su antigüedad y su distribución por toda la tierra como símbolo universal:


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