16 febrero 2026

Sobre las cadenas planetarias y su pluralidad.

                     

Es un tema muy recurrente en internet el de hablar de extraterrestres, y la mayoría de los abordes del mismo son de tipo conspiranoico o, cuanto menos, muy tendente a la fantasía. Muchos autores o “publicadores” son conscientes del morbo del asunto y se aprovechan de la parte de su audiencia que queda atrapada en el ámbito psicológico, a través de “novelas galácticas” que bien podrían servir de guion para películas de ciencia ficción.

El tema no es nuevo, como todo lo demás, ni aún la aproximación al mismo. La fascinación al respecto puede hacernos perder mucho tiempo y caer en elucubraciones absurdas. Y como los humanos volvemos a repetir una y otra vez las mismas historias, maquilladas aquí o allí, nos resultó interesante, clarificador y pragmático, a la vez, el siguiente extracto de una obra de más de 120 años, La Doctrina Secreta, en concreto su volumen II (páginas 699 y siguientes) de Helena P. Blavatsky.

Aunque recomendamos leer el texto que se cita a continuación, sí queremos destacar algunas ideas que ya se pusieron de manifiesto:

-con la expresión “otros mundos”, los antiguos se referían a otros estados de nuestra cadena planetaria y tierra (véase "Globos, cadenas y rondas"), y también a otros globos habitados: estrellas y planetas.

-conocimiento de los Dhyan Chohans de todos los mundos, dentro de los límites de nuestro Sistema Solar.

-las llamadas ficciones científicas y “revelaciones” espiritistas sobre la Luna, las estrellas y planetas, son tan solo nuevas combinaciones o modificaciones de lo que nos resulta familiar en este planeta.

-en los demás planetas de nuestro sistema, la naturaleza y la vida son completamente diferentes de las que prevalecen en el nuestro,

-Etc.

Por último, queremos destacar este párrafo, tan en la actualidad hoy como en el día en que fue publicado (1888), y que guarda tanta sabiduría y sentido común:

Dejemos, sin embargo, estas especulaciones inútiles y sin provecho, que pareciendo llenar nuestros corazones con una llamarada de entusiasmo, y ampliar nuestra comprensión mental y espiritual, en realidad no hacen más que causar un estímulo ficticio y cegarnos más y más en nuestra ignorancia, no sólo del mundo que habitamos, sino también de lo infinito contenido en nosotros.

 

"SOBRE LAS CADENAS DE PLANETAS Y SU PLURALIDAD.

 ¿Conocían los antiguos otros mundos además del nuestro? ¿Cuáles son los datos de los Ocultistas para afirmar que cada globo es una cadena septenaria de mundos –de los cuales sólo uno es visible– y que éstos son, han sido o serán “portadores de hombres”, lo mismo que todos las estrellas y planetas visibles? ¿Qué quieren significar cuando se refieren a una “influencia moral y física” ejercida sobre nuestro globo por los mundos siderales?

Tales son las preguntas que se nos dirigen y que debemos considerar en todos sus aspectos. A la primera de las dos preguntas, la contestación es: lo creemos porque la primera ley en la naturaleza es la uniformidad en la diversidad; y la segunda es la analogía. “Como es arriba, así es abajo.” Los tiempos en que nuestros piadosos antepasados creían que la Tierra estaba en el centro del Universo y en que la Iglesia y sus arrogantes servidores podían insistir en que la suposición de que otros planetas estuvieran habitados debía considerarse como una blasfemia, han pasado para siempre. Adán y Eva, la Serpiente y el Pecado Original, seguidos de la redención por medio de la sangre, se han interpuesto por demasiado tiempo en el camino del progreso; y la verdad universal ha sido sacrificada al insano amor propio de nosotros, hombres diminutos.

Ahora bien; ¿cuáles son las pruebas de ello? Fuera de las pruebas de evidencia y del razonamiento lógico, no hay ninguna para el profano. Para los ocultistas, que creen en el conocimiento adquirido por innumerables generaciones de Videntes e Iniciados, los datos que se exponen en los Libros Secretos son suficientes. El público en general, sin embargo, necesita otras pruebas. Hay algunos kabalistas y hasta ocultistas occidentales que, no pudiendo encontrar pruebas uniformes sobre este punto en todas las obras místicas de las naciones, vacilan en aceptar la enseñanza. Hasta esas “pruebas uniformes” serán presentadas ahora. En todo caso podemos tratar el asunto en su aspecto general, y ver si esta creencia es tan sumamente absurda como dicen algunos hombres de ciencia, juntamente con otros Nicodemos. Inconscientemente, quizá, al pensar en la pluralidad de “Mundos” habitados, nos imaginamos que son como nuestro globo y que están poblados por seres más o menos semejantes a nosotros. Y al hacerlo así, sólo seguimos un instinto natural. A la verdad, mientras que la investigación se limita a la historia de la vida de este globo, podremos especular sobre el asunto con algún provecho, y preguntarnos, con alguna esperanza por lo menos de que hacemos una pregunta inteligible, cuáles eran los “Mundos” de que hablan todas las antiguas escrituras de la Humanidad.

¿Pero qué sabemos (a) de la clase de seres que habitan los globos en general; y (b) si los que gobiernan planetas superiores al nuestro no ejercen la misma influencia en nuestra Tierra conscientemente, que la que nosotros podemos ejercer a la larga inconscientemente, pongamos, por ejemplo, en los pequeños planetas (planetoides o asteroides), cuando desgarramos nuestra Tierra, abriendo canales y cambiando con ello por completo nuestros climas? Por supuesto, como la mujer de César, los planetoides no pueden ser afectados por nuestras sospechas. Están demasiado lejos, etc. Creyendo en la astronomía esotérica, sin embargo, no estamos seguros de ello.

Pero cuando, al extender nuestras especulaciones más allá de nuestra cadena planetaria, tratamos de cruzar los límites del sistema solar, entonces, verdaderamente, obramos como necios presuntuosos. Pues –a la vez que aceptamos el axioma hermético, “como es arriba es abajo?”– así como podemos creer muy bien que la Naturaleza en la Tierra despliega la economía más cuidadosa, utilizando todas las cosas viles e inútiles en sus transformaciones maravillosas, y sin repetirse jamás por ello, así podemos deducir justamente que no hay otro globo en todos sus infinitos sistemas que se parezca tanto a la Tierra, que la capacidad ordinaria del pensamiento del hombre pueda imaginárselo y reproducir su semejanza y contenido*.

*Se nos enseña que los más elevados Dhyan Chohans, o Espíritus Planetarios, ignoran (fuera del conocimiento por medio de la ley de la analogía) lo que hay más allá de los sistemas planetarios visibles, porque su esencia no puede asimilarse a la de los mundos más allá de nuestro Sistema Solar. Cuando lleguen ellos a un estado de evolución más elevado, estos otros universos se abrirán para ellos; mientras tanto tienen completo conocimiento de todos los mundos, dentro de los límites de nuestro Sistema Solar.

Y en efecto, vemos en las novelas, así como en todas esas llamadas ficciones científicas y “revelaciones” espiritistas sobre la Luna, las estrellas y planetas, tan sólo nuevas combinaciones o modificaciones de los hombres y de las cosas, las pasiones y formas de la vida que nos son familiares, aunque hasta en los demás planetas de nuestro sistema, la naturaleza y la vida son completamente diferentes de las que prevalecen en el nuestro. Swedenborg fue uno de los que principalmente inculcaron semejante creencia errónea.

Pero hay más. El hombre ordinario no tiene experiencia de ningún otro estado de conciencia distinto de aquel al que le atan los sentidos físicos. Los hombres sueñan; duermen en profundo letargo, que lo es demasiado, para que sus sueños se impriman en el cerebro físico; y en estos estados debe haber conciencia aún. ¿Cómo, pues, mientras permanezcan estos misterios sin explorar, podemos nosotros pretender especular con provecho sobre la naturaleza de globos que, en la economía de la Naturaleza, deben pertenecer a otros estados de conciencia muy distintos de todos los que el hombre experimenta aquí? Y esto es verdad a la letra. Pues hasta los grandes adeptos (por supuesto, los que están iniciados), por buenos videntes que sean, sólo pueden pretender el conocimiento completo de la naturaleza y apariencia de los planetas y habitantes que pertenecen a nuestro Sistema Solar. Saben ellos que casi todos los mundos planetarios están habitados, pero –aun en espíritu– sólo pueden penetrar en los de nuestro sistema; y saben también cuán difícil es, aun para ellos, el ponerse en completa relación hasta con los planos de conciencia dentro de nuestro sistema, difiriendo como difieren de los estados de conciencia posibles en este globo; tales, por ejemplo, como los que existen en la cadena de esferas de los tres planos más allá del de nuestra Tierra. Semejantes conocimientos y relación les es posible porque han aprendido el modo de penetrar en planos de conciencia cerrados a la percepción ordinaria de los hombres; pero si ellos comunicasen sus conocimientos, el mundo no sería por ello más sabio, porque a los hombres les falta la experiencia de otras formas de percepción, que es lo único que podría permitirles comprender lo que se les dijese.

De este modo el razonamiento científico, así como los hechos observados, concuerdan con las declaraciones del vidente, y la voz innata en el propio corazón del hombre declarando que la vida –la vida consciente, inteligente– debe existir en otros mundos más que en el nuestro.

Pero éste es el límite más allá del cual las facultades del hombre ordinario no pueden llegar. Muchas son las novelas y cuentos, algunos puramente fantásticos, otros llenos de conocimiento científico, que han intentado imaginar y describir la vida en otros globos. Pero todos ellos no exponen más que alguna copia desfigurada del drama de la vida a nuestro alrededor. Una vez es Voltaire con hombres de nuestra propia raza vistos al microscopio, o de Bergerac con un gracioso juego de imaginación y sátira; pero siempre vemos que, en el fondo, el nuevo mundo es el mismo en que vivimos. Tan fuerte es esta tendencia, que aun grandes videntes naturales no iniciados son víctimas de ella cuando no están ejercitados; testigo Swedenborg, que llega hasta el punto de vestir a los habitantes de Mercurio que encuentra en el mundo de los espíritus, con trajes como los que usan en Europa.

*Puesto que no hay un solo átomo en todo el Kosmos que carezca de vida y conciencia, ¡cuántos más deben poseer ambas sus poderosos globos, aunque sea como libros cerrados para nosotros los hombres, que ni aun podemos penetrar en la conciencia de las formas de vida más cerca de nosotros! Si no nos conocemos a nosotros mismos, ¿Cómo podemos, sin haber sido jamás iniciados, ni habernos ejercitado nunca, imaginarnos que podemos penetrar en la conciencia del animal más pequeño de los que nos rodean?

Los que han escrito acerca de este asunto se han dejado dominar por ideas terrestres, y han caído, por lo tanto, en el error” (Pluralité des Mondes, pág. 439). Pero el mismo Flammarion cae en el error que aquí condena, pues tácitamente toma las condiciones de vida sobre la Tierra como regla para determinar el grado de habitabilidad de otros planetas por “otras humanidades”.

Dejemos, sin embargo, estas especulaciones inútiles y sin provecho, que pareciendo llenar nuestros corazones con una llamarada de entusiasmo, y ampliar nuestra comprensión mental y espiritual, en realidad no hacen más que causar un estímulo ficticio y cegarnos más y más en nuestra ignorancia, no sólo del mundo que habitamos, sino también de lo infinito contenido en nosotros.

Por tanto, cuando vemos que las Biblias de la Humanidad mencionan “otros mundos”, podemos deducir sin temor que no sólo se refieren a otros estados de nuestra CADENA PLANETARIA y Tierra, sino también a otros GLOBOS habitados: ESTRELLAS y PLANETAS, aunque no se hayan hecho nunca especulaciones sobre ellos. Toda la antigüedad creía en la Universalidad de la VIDA. Pero ningún VIDENTE verdaderamente iniciado de ninguna nación civilizada ha enseñado jamás que la vida en otras ESTRELLAS pudiera juzgarse por las reglas de la vida terrestre. Lo que generalmente se significa por “TIERRAS” Y “MUNDOS”, se relaciona (a) con los “renacimientos” de nuestro GLOBO después de cada Manvantara y un largo período de obscuración; y (b) con los cambios periódicos y completos de la superficie de la Tierra, cuando los continentes desaparecen para dar lugar a los mares, y los océanos son desplazados violentamente e impulsados hacia los polos, para ceder su sitio a nuevos continentes. Podemos principiar con la Biblia (la más joven de las Escrituras del Mundo). En el Eclesiastés leemos estas palabras del Rey Iniciado: “una generación pasa y otra generación viene, pero la tierra perdura siempre… Lo que ha sido es lo que será, y lo que se hace es lo que se hará, y nada hay nuevo bajo el sol”. Bajo estas palabras no es fácil ver la referencia a los cataclismos sucesivos que barren las Razas de la humanidad, ni tampoco remontándonos más atrás a las varias transiciones del GLOBO durante el proceso de su formación. Pero si se nos dice que esto sólo se refiere a nuestro mundo tal como ahora le vemos, entonces enviaremos al lector al Nuevo Testamento, donde San Pablo (en Hebreos, I, 2) habla del Hijo (el Poder manifestado) a quien Dios ha nombrado heredero de todas las cosas, “por medio de quien hizo también los mundos” (plural)...".

 La Doctrina Secreta, volumen II, páginas 699-703.