Es un tema muy recurrente en internet el de hablar de
extraterrestres, y la mayoría de los abordes del mismo son de tipo conspiranoico
o, cuanto menos, muy tendente a la fantasía. Muchos autores o “publicadores”
son conscientes del morbo del asunto y se aprovechan de la parte de su
audiencia que queda atrapada en el ámbito psicológico, a través de “novelas
galácticas” que bien podrían servir de guion para películas de ciencia ficción.
El tema no es nuevo, como todo lo demás, ni aún la
aproximación al mismo. La fascinación al respecto puede hacernos perder mucho
tiempo y caer en elucubraciones absurdas. Y como los humanos volvemos a repetir
una y otra vez las mismas historias, maquilladas aquí o allí, nos resultó
interesante, clarificador y pragmático, a la vez, el siguiente extracto de una
obra de más de 120 años, La Doctrina Secreta, en concreto su volumen II
(páginas 699 y siguientes) de Helena P. Blavatsky.
Aunque recomendamos leer el texto que se cita a
continuación, sí queremos destacar algunas ideas que ya se pusieron de
manifiesto:
-con la expresión “otros mundos”, los antiguos se referían a
otros estados de nuestra cadena planetaria y tierra (véase "Globos, cadenas y rondas"), y
también a otros globos habitados: estrellas y planetas.
-conocimiento de los Dhyan Chohans de todos los mundos, dentro de los límites de
nuestro Sistema Solar.
-las llamadas ficciones científicas y “revelaciones”
espiritistas sobre la Luna, las estrellas y planetas, son tan solo nuevas
combinaciones o modificaciones de lo que nos resulta familiar en este planeta.
-en los demás planetas de nuestro sistema, la naturaleza y
la vida son completamente diferentes de las que prevalecen en el nuestro,
-Etc.
Por último, queremos destacar este párrafo, tan en la
actualidad hoy como en el día en que fue publicado (1888), y que guarda tanta
sabiduría y sentido común:
Dejemos, sin embargo, estas especulaciones inútiles y
sin provecho, que pareciendo llenar nuestros corazones con una
llamarada de entusiasmo, y ampliar nuestra comprensión mental y espiritual, en realidad no hacen más que causar un estímulo ficticio
y cegarnos más y más en nuestra ignorancia, no sólo del mundo que habitamos,
sino también de lo infinito contenido en nosotros.
"SOBRE LAS CADENAS DE PLANETAS Y SU PLURALIDAD.
Tales son las preguntas que se nos dirigen y que debemos
considerar en todos sus aspectos. A la primera de las dos preguntas, la
contestación es: lo creemos porque la primera ley en la naturaleza es la
uniformidad en la diversidad; y la segunda es la analogía. “Como es arriba, así
es abajo.” Los tiempos en que nuestros piadosos antepasados creían que la
Tierra estaba en el centro del Universo y en que la Iglesia y sus arrogantes
servidores podían insistir en que la suposición de que otros planetas estuvieran
habitados debía considerarse como una blasfemia, han pasado para siempre. Adán
y Eva, la Serpiente y el Pecado Original, seguidos de la redención por medio de
la sangre, se han interpuesto por demasiado tiempo en el camino del progreso; y
la verdad universal ha sido sacrificada al insano amor propio de nosotros,
hombres diminutos.
Ahora bien; ¿cuáles son las pruebas de ello? Fuera de las
pruebas de evidencia y del razonamiento lógico, no hay ninguna para el profano.
Para los ocultistas, que creen en el conocimiento adquirido por innumerables
generaciones de Videntes e Iniciados, los datos que se exponen en los Libros
Secretos son suficientes. El público en general, sin embargo, necesita otras
pruebas. Hay algunos kabalistas y hasta ocultistas occidentales que, no
pudiendo encontrar pruebas uniformes sobre este punto en todas las obras
místicas de las naciones, vacilan en aceptar la enseñanza. Hasta esas “pruebas
uniformes” serán presentadas ahora. En todo caso podemos tratar el asunto en su
aspecto general, y ver si esta creencia es tan sumamente absurda como dicen
algunos hombres de ciencia, juntamente con otros Nicodemos. Inconscientemente,
quizá, al pensar en la pluralidad de “Mundos” habitados, nos imaginamos que son
como nuestro globo y que están poblados por seres más o menos semejantes a
nosotros. Y al hacerlo así, sólo seguimos un instinto natural. A la verdad,
mientras que la investigación se limita a la historia de la vida de este globo,
podremos especular sobre el asunto con algún provecho, y preguntarnos, con
alguna esperanza por lo menos de que hacemos una pregunta inteligible, cuáles
eran los “Mundos” de que hablan todas las antiguas escrituras de la Humanidad.
¿Pero qué sabemos (a) de la clase de seres que habitan los
globos en general; y (b) si los que gobiernan planetas superiores al nuestro no
ejercen la misma influencia en nuestra Tierra conscientemente, que la que
nosotros podemos ejercer a la larga inconscientemente, pongamos, por ejemplo,
en los pequeños planetas (planetoides o asteroides), cuando desgarramos nuestra
Tierra, abriendo canales y cambiando con ello por completo nuestros climas? Por
supuesto, como la mujer de César, los planetoides no pueden ser afectados por
nuestras sospechas. Están demasiado lejos, etc. Creyendo en la astronomía
esotérica, sin embargo, no estamos seguros de ello.
Pero cuando, al extender nuestras especulaciones más allá de
nuestra cadena planetaria, tratamos de cruzar los límites del sistema solar,
entonces, verdaderamente, obramos como necios presuntuosos. Pues –a la vez que
aceptamos el axioma hermético, “como es arriba es abajo?”– así como podemos
creer muy bien que la Naturaleza en la Tierra despliega la economía más
cuidadosa, utilizando todas las cosas viles e inútiles en sus transformaciones
maravillosas, y sin repetirse jamás por ello, así podemos deducir justamente
que no hay otro globo en todos sus infinitos sistemas que se parezca tanto a la
Tierra, que la capacidad ordinaria del pensamiento del hombre pueda
imaginárselo y reproducir su semejanza y contenido*.
*Se nos enseña que los más elevados Dhyan Chohans, o
Espíritus Planetarios, ignoran (fuera del conocimiento por medio de la ley de
la analogía) lo que hay más allá de los sistemas planetarios visibles, porque su
esencia no puede asimilarse a la de los mundos más allá de nuestro Sistema
Solar. Cuando lleguen ellos a un estado de evolución más elevado, estos
otros universos se abrirán para ellos; mientras tanto tienen completo conocimiento de todos los mundos, dentro
de los límites de nuestro Sistema Solar.
Y en efecto, vemos en las novelas, así como en todas esas
llamadas ficciones científicas y “revelaciones” espiritistas sobre la Luna, las
estrellas y planetas, tan sólo nuevas combinaciones o modificaciones de los
hombres y de las cosas, las pasiones y formas de la vida que nos son
familiares, aunque hasta en los demás planetas de nuestro sistema, la
naturaleza y la vida son completamente diferentes de las que prevalecen en el
nuestro. Swedenborg fue uno de los que principalmente inculcaron semejante
creencia errónea.
Pero hay más. El hombre ordinario no tiene experiencia de
ningún otro estado de conciencia distinto de aquel al que le atan los sentidos
físicos. Los hombres sueñan; duermen en profundo letargo, que lo es demasiado,
para que sus sueños se impriman en el cerebro físico; y en estos estados debe
haber conciencia aún. ¿Cómo, pues, mientras permanezcan estos misterios sin
explorar, podemos nosotros pretender especular con provecho sobre la naturaleza
de globos que, en la economía de la Naturaleza, deben pertenecer a otros
estados de conciencia muy distintos de todos los que el hombre experimenta
aquí? Y esto es verdad a la letra. Pues hasta los grandes adeptos (por
supuesto, los que están iniciados), por buenos videntes que sean, sólo pueden
pretender el conocimiento completo de la naturaleza y apariencia de los
planetas y habitantes que pertenecen a nuestro Sistema Solar. Saben ellos que
casi todos los mundos planetarios están habitados, pero –aun en espíritu– sólo
pueden penetrar en los de nuestro sistema; y saben también cuán difícil es, aun
para ellos, el ponerse en completa relación hasta con los planos de conciencia
dentro de nuestro sistema, difiriendo como difieren de los estados de
conciencia posibles en este globo; tales, por ejemplo, como los que existen en
la cadena de esferas de los tres planos más allá del de nuestra Tierra.
Semejantes conocimientos y relación les es posible porque han aprendido el
modo de penetrar en planos de conciencia cerrados a la percepción ordinaria de
los hombres; pero si ellos comunicasen sus conocimientos, el mundo no sería
por ello más sabio, porque a los hombres les falta la experiencia de otras
formas de percepción, que es lo único que podría permitirles comprender lo que
se les dijese.
De este modo el razonamiento científico, así como los hechos
observados, concuerdan con las declaraciones del vidente, y la voz innata en el
propio corazón del hombre declarando que la vida –la
vida consciente, inteligente– debe existir en otros mundos más que en el
nuestro.
Pero éste es el límite más allá del cual las facultades del
hombre ordinario no pueden llegar. Muchas son las novelas y cuentos, algunos
puramente fantásticos, otros llenos de conocimiento científico, que han
intentado imaginar y describir la vida en otros globos. Pero todos ellos no
exponen más que alguna copia desfigurada del drama de la vida a nuestro
alrededor. Una vez es Voltaire con hombres de nuestra propia raza vistos al
microscopio, o de Bergerac con un gracioso juego de imaginación y sátira; pero siempre
vemos que, en el fondo, el nuevo mundo es el mismo en que vivimos. Tan fuerte es esta tendencia, que aun grandes videntes
naturales no iniciados son víctimas de ella cuando no están ejercitados;
testigo Swedenborg, que llega hasta el punto de vestir a los habitantes de
Mercurio que encuentra en el mundo de los espíritus, con trajes como los que
usan en Europa.
*Puesto que no hay un solo átomo en todo el Kosmos que
carezca de vida y conciencia, ¡cuántos más deben poseer ambas sus poderosos
globos, aunque sea como libros cerrados para nosotros los hombres, que ni aun
podemos penetrar en la conciencia de las formas de vida más cerca de nosotros! Si no nos conocemos a nosotros mismos, ¿Cómo podemos, sin
haber sido jamás iniciados, ni habernos ejercitado nunca, imaginarnos que
podemos penetrar en la conciencia del animal más pequeño de los que nos rodean?
Los que han escrito acerca de este asunto se han dejado
dominar por ideas terrestres, y han caído, por lo tanto, en el error” (Pluralité
des Mondes, pág. 439). Pero el mismo Flammarion cae en el error que aquí
condena, pues tácitamente toma las condiciones de vida sobre la Tierra como
regla para determinar el grado de habitabilidad de otros planetas por “otras
humanidades”.
Dejemos, sin embargo, estas especulaciones inútiles y sin
provecho, que pareciendo llenar nuestros corazones con una llamarada de
entusiasmo, y ampliar nuestra comprensión mental y espiritual, en realidad no hacen más que causar un estímulo ficticio
y cegarnos más y más en nuestra ignorancia, no sólo del mundo que habitamos,
sino también de lo infinito contenido en nosotros.
Por tanto, cuando vemos que las Biblias de la Humanidad
mencionan “otros mundos”, podemos deducir sin temor que no sólo se refieren
a otros estados de nuestra CADENA PLANETARIA y Tierra, sino también a otros
GLOBOS habitados: ESTRELLAS y PLANETAS, aunque no
se hayan hecho nunca especulaciones sobre ellos. Toda la antigüedad
creía en la Universalidad de la VIDA. Pero ningún VIDENTE verdaderamente
iniciado de ninguna nación civilizada ha enseñado jamás que la vida en otras
ESTRELLAS pudiera juzgarse por las reglas de la vida terrestre. Lo que
generalmente se significa por “TIERRAS” Y “MUNDOS”, se relaciona (a) con los
“renacimientos” de nuestro GLOBO después de cada Manvantara y un largo período
de obscuración; y (b) con los cambios periódicos y completos de la superficie
de la Tierra, cuando los continentes desaparecen para dar lugar a los mares, y
los océanos son desplazados violentamente e impulsados hacia los polos, para
ceder su sitio a nuevos continentes. Podemos principiar con la Biblia
(la más joven de las Escrituras del Mundo). En el Eclesiastés leemos estas
palabras del Rey Iniciado: “una generación pasa y otra generación viene, pero
la tierra perdura siempre… Lo que ha sido es lo que será, y lo que se hace es
lo que se hará, y nada hay nuevo bajo el sol”. Bajo estas palabras no es fácil
ver la referencia a los cataclismos sucesivos que barren las Razas de la
humanidad, ni tampoco remontándonos más atrás a las varias transiciones del
GLOBO durante el proceso de su formación. Pero si se nos dice que esto sólo se
refiere a nuestro mundo tal como ahora le vemos, entonces enviaremos al lector
al Nuevo Testamento, donde San Pablo (en Hebreos, I, 2) habla del Hijo
(el Poder manifestado) a quien Dios ha nombrado heredero de todas las cosas,
“por medio de quien hizo también los mundos” (plural)...".