“En las Leyendas Norse reconocemos en Asgard la morada de los dioses, así como también, en los mismos Ases, el mismo místico loci y personificaciones entretejidas en los “mitos” populares, como en nuestra Doctrina Secreta; y las vemos en los Vedas, los Purânas, las Escrituras Mazdeístas y la Kabalah. Los Ases de Escandinavia, los Regentes del mundo que precedió al nuestro, cuyo nombre significa literalmente los “Pilares del Mundo”, sus “Soportes”, son, pues, idénticos a los Cosmocratores griegos, los “Siete Obreros o Rectores” del Pymander, los siete Rishis y Pitris de la India, los siete dioses caldeos y los siete espíritus malos, los siete Sephiroth cabalísticos, sintetizados por la Tríada superior, y hasta los siete Espíritus Planetarios de los místicos cristianos. Los Ases crean la tierra, los mares, el firmamento y las nubes, todo el mundo visible, de los restos del gigante asesinado Ymir; pero no crean al HOMBRE, sino sólo su forma, del árbol Ask o Ash. Odín es quien le dota de vida y alma, después que Lodur le hubo dado sangre y huesos, y finalmente Hönir es quien le proporciona la inteligencia (manas) y los sentidos conscientes. El Ask Norse, el árbol Ash de Hesíodo, de donde procedieron los hombres de la generación de bronce, la Tercera Raza Raíz, y el árbol Tzité del Popol Vuh, del cual fue creada la tercera raza mexicana de hombres, todos son unos. Esto puede verlo claramente cualquier lector. Pero la razón oculta, por qué el Yggdrasil Norse, el Ashvattha indo, el Gogard, el árbol de la vida helénico y el Zampun tibetano, son lo mismo que el Árbol Sephirótico Kabalístico, y hasta que el Árbol Santo hecho por Ahura Mazda, y el Árbol del Edén, ¿quién, entre los sabios occidentales, puede decirlo?”
Es importante destacar la unidad simbólica en las distintas
civilizaciones del mundo antiguo de la que habla H. P. Blavatsky en este extracto
de La Doctrina Secreta (volumen II, página 97), lo que no es sino otra
prueba más del origen común de todas ellas:
“Sin embargo, el fruto de todos estos “Árboles”, ya sea Pippala, o Haoma, o aun la más prosaica manzana, son las “plantas de la vida”, en hecho y en verdad. Los prototipos de nuestras razas estaban todos incluidos en el Árbol microcósmico, que crecía y se desarrollaba dentro y bajo el gran árbol macrocósmico del mundo; y el misterio se halla medio revelado en el Dirghotamas, en donde se dice: “Pippala, el dulce fruto de ese árbol, al cual acuden los espíritus que aman la ciencia, y donde los dioses producen todas las maravillas”. Lo mismo que en el Gogard, hállase la “Serpiente” entre las exuberantes ramas de todos estos árboles del Mundo. Pero al paso que el árbol Macrocósmico es la Serpiente de la Eternidad y de la absoluta Sabiduría misma, las que moran en el árbol Microcósmico son las Serpientes de la Sabiduría Manifestada. Una es el Uno y el Todo; las otras son sus partes reflejadas. El “Árbol” es el hombre mismo, por supuesto, y la Serpiente que en cada uno mora, es el Manas consciente, el eslabón que relaciona el Espíritu con la Materia, el cielo y la tierra.
En todas partes es lo mismo. Los poderes Creadores
producen al Hombre, pero fracasan en el objeto final. Todos estos logos se
esfuerzan en dotar al hombre de Espíritu consciente inmortal, que sólo se
refleja en la Mente (manas); ellos fracasan, y a todos se les presenta como
castigados por el fracaso, si no por la empresa. ¿De qué clase es el castigo?
Una sentencia de prisión en la región inferior, la cual es nuestra Tierra, la
más baja de su cadena; una “eternidad” –que significa la duración de un
ciclo de Vida– en las tinieblas de la materia, o dentro del Hombre animal.
Los Padres de la Iglesia, en parte por ignorancia y en parte intencionalmente,
tuvieron a bien desnaturalizar este símbolo gráfico. Se
aprovecharon de la metáfora y alegoría de todas las religiones antiguas, para
volverlas en beneficio de la nueva. Así, el hombre fue transformado en
las tinieblas de un Infierno material; su conciencia divina, producida por el
Principio que en él moraba, el Manasa o el Deva encarnado, se convirtió en las
llamas ardientes de la región infernal, y nuestro globo en el Infierno mismo.
Pippala, Haoma, el fruto del Árbol del Conocimiento, fueron denunciados como el
fruto prohibido, y la “Serpiente de la
Sabiduría”, la voz de la razón y de la conciencia, permaneció identificada
durante edades con el Ángel Caído, el cual es el antiguo Dragón, ¡el Demonio!”.
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